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Business & Sustainability, consultora en sustentabilidad con más de 8 años de experiencia y Empresa B certificada, comparte las principales tendencias para 2026 en materia de sustentabilidad, con desafíos y oportunidades para la Argentina....
1) Sustentabilidad en la era Trump: cuando el riesgo geopolítico ordena las decisiones La reacción contra los criterios ESG en la política estadounidense venía gestándose desde hacía años. En 2025 estalló. Con la asunción de Donald Trump a principios de año, la oleada de medidas contra la diversidad, la equidad y la inclusión sacudió al mundo empresarial. En el frente climático, la retirada de los Estados Unidos del Acuerdo de París y la anulación de los incentivos de la era Biden para construir infraestructura de energía limpia encendieron alertas entre los profesionales de la sustentabilidad frente a un contexto global cada vez más inestable. Los recientes acontecimientos en Venezuela —marcados por mayor incertidumbre política, tensiones geopolíticas y su impacto directo sobre el mercado energético regional— volvieron a poner en primer plano una realidad difícil de ignorar: los riesgos políticos, sociales y ambientales no son abstractos, sino factores concretos que afectan el flujo de capital, la seguridad de suministro y la estabilidad de las inversiones de largo plazo.
En ese contexto, el argumento económico a favor de la sostenibilidad —menor riesgo de inversión y mejores condiciones para el capital de largo plazo— se consolidó con fuerza. A lo largo del año, creció la exigencia de que las empresas se preparen para riesgos sociales, climáticos y sistémicos: eventos meteorológicos extremos, pérdida de biodiversidad, escasez de agua, fragilidad de infraestructuras críticas y dependencia energética de regiones políticamente inestables. “En este esquema, los factores de riesgo deben ser muy considerados a la hora de planificar y ejecutar negocios, especialmente para quienes toman decisiones de inversión de largo plazo”, opina Iván Buffone, socio de la consultora Business & Sustainability. Las compañías refuerzan la necesidad de integrar estos riesgos en su estrategia de negocio, no solo en sus reportes. Sectores como la agricultura, la alimentación, la energía y la construcción lideraron la adopción de estrategias de adaptación territorial, evaluaciones de impacto por ubicación y enfoques positivos para la naturaleza.
Este enfoque comenzó a extenderse incluso a industrias intensivas en tecnología. Los procesos de generación y entrenamiento de inteligencia artificial, así como la infraestructura que los soporta, empezaron a planificarse considerando variables críticas como el acceso y la estabilidad energética, la previsibilidad regulatoria, la exposición a eventos climáticos extremos y los riesgos de ciberataques, fallas de infraestructura o disrupciones geopolíticas. “Hoy los inversores y las aseguradoras priorizan a las empresas que demuestran capacidad de anticiparse y adaptarse a estos escenarios, más allá de los compromisos de carbono neutralidad”, agrega Buffone. “La sostenibilidad dejó hace rato de ser un relato aspiracional para convertirse en una herramienta concreta de gestión del riesgo y creación de valor en un mundo incierto.” 2) Argentina y el mercado de carbono: una oportunidad real en un mercado bajo mayor escrutinio En un contexto global atravesado por la volatilidad geopolítica y la presión sobre la competitividad de sectores intensivos en emisiones, la sustentabilidad dejó de medirse por compromisos declarativos. El foco pasó a estar en herramientas concretas, trazables y disponibles para actuar en el corto plazo, en un mercado que además enfrenta un nivel de escrutinio regulatorio y de inversores cada vez mayor. En ese escenario, los créditos de carbono se consolidan como una herramienta de transición clave para industrias como energía, minería o logística. Permiten avanzar en la gestión de emisiones sin afectar la competitividad mientras se construyen procesos de descarbonización de largo plazo. A nivel global, este mercado moviliza cerca de USD 100.000 millones anuales, con estándares de calidad y verificación cada vez más exigentes. Argentina aparece como una oportunidad concreta. El potencial es enorme para un país que posee una abundante riqueza en recursos forestales -más de 1,3 millones de hectáreas de plantaciones forestales y casi 54 millones de hectáreas de bosques nativos según la Secretaría de Industria y Desarrollo Productivo del Ministerio de Economía- que pueden ser protegidos y promovidos a partir de créditos de carbono verificados en el mercado local e internacional. Gracias a su biodiversidad y a su balance positivo de carbono, el país podría generar más de USD 9.000 millones en el mercado de créditos de carbono, posicionándose como un proveedor relevante de soluciones de compensación de alta integridad en un contexto donde la credibilidad del activo es clave. “En un mercado cada vez más observado, la oportunidad está en desarrollar proyectos de carbono bien diseñados, con trazabilidad y estándares robustos”, señala Lucas Peverelli, socio de Business & Sustainability. “Ese mayor escrutinio no es una barrera, sino una ventaja para países como Argentina, que pueden ofrecer créditos de calidad y con impacto real”. En este contexto, la sustentabilidad deja de ser solo una exigencia de cumplimiento y se transforma en una oportunidad de negocio, acceso a financiamiento y posicionamiento estratégico, tanto para grandes empresas como para las pymes que forman parte de sus cadenas de valor. 3) Opciones de financiamiento sostenible en un contexto de reordenamiento macroeconómico A pesar de un escenario internacional atravesado por la volatilidad geopolítica, la fragmentación económica y la incertidumbre regulatoria, las finanzas sostenibles continúan mostrando un crecimiento sólido a nivel global. Recientemente, la emisión mundial de bonos verdes, sociales y sustentables superó por primera vez el billón de dólares, según datos de la International Finance Corporation (IFC). En Argentina, incluso en un período particularmente complejo para la macroeconomía, el ecosistema de finanzas sostenibles e inversión de impacto mostró una actividad relevante. De acuerdo con el Mapeo de Inversión de Impacto en Argentina 2023–2024, elaborado por la Universidad Austral y Fundación Alimentaris, entre 2023 y 2024 se registraron más de 120.000 créditos sostenibles otorgados por el sistema bancario, emisiones de bonos verdes, sociales y sustentables por más de USD 1.100 millones, y un volumen total movilizado que supera los USD 4.000 millones en distintas operaciones. “A nivel local, hemos visto en los últimos años a la sustentabilidad convertirse en una herramienta concreta de competitividad: mejora la eficiencia, mitiga riesgos, genera visibilidad y abre la puerta a nuevos mercados, clientes e inversores”, subraya Iván Buffone, socio de Business & Sustainability. De cara a 2026, si el proceso de ordenamiento macroeconómico se consolida y el sistema financiero opera en un entorno más estable que en 2025, se espera una expansión de este mercado. Una eventual compresión del riesgo país y el regreso del apetito del capital internacional podrían acelerar este proceso. El capital global suele llegar acompañado de mayores exigencias en términos de compliance y desempeño social y ambiental, lo que representa una oportunidad para aquellas organizaciones capaces de demostrarlo. Las oportunidades no se limitan al mercado de capitales de largo plazo. Existen también instrumentos de corto plazo y experiencias exitosas en mercados locales, como la primera emisión de un cheque verde de la industria de la construcción en el Mercado Abierto de Valores por parte de la empresa B Grupo Mitre, reconocida con el Premio CAMBRAS a las Finanzas Sostenibles. A esto se suman líneas específicas en banca pública y privada, fondos de impacto y fondos de inversión. “La identificación de atributos sostenibles en los instrumentos financieros aparece como un elemento central para diferenciarse y atraer capital en un contexto de creciente competencia por los recursos”, concluye Buffone. En este sentido, las finanzas sostenibles representan no solo una vía de acceso a financiamiento, sino también una herramienta estratégica para fortalecer la reputación y el posicionamiento de las organizaciones frente a inversores, clientes y otros grupos de interés. 4) Ser sustentable sin dejar de producir: la regeneración como nueva frontera Los enfoques regenerativos, orientados a restaurar ecosistemas, mejorar la biodiversidad y generar impactos netos positivos, comienzan a ganar espacio en la agenda empresarial. Aunque todavía representan un nicho, se trata de un segmento en crecimiento, impulsado por empresas que buscan ir más allá de la mitigación de impactos y avanzar hacia modelos productivos que regeneren los sistemas de los que dependen. De cara a 2026, se espera que más organizaciones incorporen estrategias de regeneración vinculadas al uso del suelo, la agricultura, la gestión de recursos naturales, el diseño de procesos productivos y la relación con las comunidades. Estas prácticas conviven con enfoques de eficiencia y compensación, pero marcan un cambio de lógica: no se trata solo de producir con menos impacto, sino de producir generando valor ambiental y social, incluso buscando reparar aquello que hemos dañado. “Hoy el foco de muchas empresas es tratar de producir de manera responsable, pero empieza a emerger con más fuerza la idea de contribuir activamente a la regeneración de los entornos y los sistemas naturales”, explica Lucas Peverelli, socio de Business & Sustainability. “Si bien aún es un camino incipiente, la regeneración aparece como una de las fronteras más interesantes de la sustentabilidad aplicada.” En ese marco, herramientas como los esquemas de valorización de servicios ecosistémicos comienzan a jugar un rol complementario, especialmente cuando están asociadas a proyectos regenerativos reales y medibles. Para países como Argentina, con una amplia base de recursos naturales y biodiversidad, este enfoque abre una oportunidad relevante para articular producción, regeneración y desarrollo territorial. “Estos cambios reflejan una comprensión más profunda de la resiliencia a largo plazo”, concluye Peverelli. “Ya no alcanza con gestionar riesgos: las empresas empiezan a reconocer que su sostenibilidad futura depende de ser capaces de gestionar riesgos; y esto implica considerar la necesidad de regenerar los sistemas ambientales y sociales que sostienen su actividad.” 5) Nuevos actores: cadenas de suministro resilientes y el rol estratégico de las pymes A medida que reguladores, inversores y clientes exigen mayor transparencia y previsibilidad, la gestión de las cadenas de suministro se consolidó como uno de los principales focos de riesgo para las empresas. Las emisiones de carbono de Alcance 3, aquellas que ocurren a lo largo de la cadena de valor, dejaron de ser solo un desafío técnico de medición para convertirse en una cuestión estratégica vinculada a la continuidad del negocio. En 2025, la presión sobre las compañías para trabajar activamente con sus proveedores se intensificó. Ya no se trata únicamente de alinear metodologías de cálculo de emisiones o de fijar objetivos de reducción, sino de construir cadenas de suministro resilientes, capaces de anticipar y gestionar riesgos sociales, ambientales, regulatorios e incluso geopolíticos, garantizando un abastecimiento responsable y estable. “Las cadenas de suministro se transformaron en uno de los principales espacios donde hoy se juega la gestión del riesgo empresarial”, señala Iván Buffone, socio de Business & Sustainability. “La capacidad de entender qué pasa aguas arriba y de trabajar con proveedores dejó de ser un tema operativo para convertirse en una decisión estratégica.” Industrias con cadenas de valor extensas y complejas, como energía, minería, agroindustria o logística, enfrentan un desafío particular. En este contexto, las pymes y proveedores que logren adaptarse a los estándares de sustentabilidad, trazabilidad y cumplimiento que imponen las grandes corporaciones no solo reducen riesgos, sino que ganan una ventaja competitiva clara. Para muchas empresas líderes, el trabajo con proveedores dejó de ser un ejercicio de reporte y pasó a formar parte de su estrategia de gestión de riesgos. “Capacitar y fortalecer a las pymes de la cadena de valor no es solo una cuestión de impacto o cumplimiento, sino una forma concreta de asegurar la continuidad operativa y la resiliencia del negocio en un entorno cada vez más volátil”, agrega Lucas Peverelli, socio de Business & Sustainability. 6) Infraestructura, energía e IA: un nuevo frente de riesgo sistémico La expansión acelerada de la inteligencia artificial está impulsando un ciclo de inversiones sin precedentes en infraestructura digital y energética. Los grandes centros de datos necesarios para entrenar y operar modelos de IA demandan volúmenes crecientes de energía, agua y estabilidad operativa, convirtiendo al abastecimiento energético en un factor crítico de riesgo para las empresas tecnológicas. En este contexto, la gestión de la cadena de suministro energética pasó a ocupar un rol central en la estrategia de las compañías de tecnología. Empresas como Meta y Microsoft comenzaron a adquirir activos energéticos o a establecer alianzas de largo plazo con proveedores de energía nuclear, termoeléctrica y renovable, con el objetivo de garantizar previsibilidad, estabilidad de suministro y costos controlados. La energía dejó de ser un insumo más para transformarse en una variable estratégica de continuidad del negocio. Al mismo tiempo, estas decisiones están atravesadas por exigencias crecientes en materia ambiental y reputacional. Asegurar energía estable ya no alcanza: debe ser, además, energía limpia o de bajas emisiones, en línea con los compromisos climáticos asumidos y con la presión de inversores, reguladores y clientes. Este fenómeno representa un espaldarazo para el sector de las energías limpias, pero también plantea interrogantes relevantes. Si la nueva capacidad energética se destina únicamente a abastecer la demanda incremental de los data centers —sin desplazar fuentes más intensivas en emisiones ni acelerar la transición del sistema energético en su conjunto— el impacto neto sobre la descarbonización global podría verse limitado. A este escenario se suma una dimensión social cada vez más relevante. La expansión de la IA y de su infraestructura asociada comienza a generar impactos sobre el empleo, la organización del trabajo, el uso del territorio y la relación con las comunidades donde se instalan estos activos críticos. La transformación de perfiles laborales, la demanda de nuevas capacidades, la concentración de inversiones y la presión sobre recursos locales emergen como factores que las empresas deben gestionar para asegurar estabilidad operativa y licencia social para operar. De cara a 2026, el desafío no será solo escalar infraestructura para sostener el crecimiento de la IA, sino hacerlo integrando de manera coherente los riesgos energéticos, ambientales, sociales y geopolíticos. La forma en que las grandes tecnológicas aborden este equilibrio será determinante tanto para su resiliencia como para el rumbo de la transición energética y digital a nivel global. Fuente: Business & Sustainability - Tendencias 2026
. 07/01/2026